El 16 de julio, era un sábado en aquel año y podría afirmar que paso sin pena ni gloria para mis 9 años. Seguramente me levante, desayune mi mate cocido, me abrigué aunque no demasiado. Los inviernos en Posadas (Misiones) no eran tan crudos como los de Buenos Aires; la ropa era más suelta y el sol calentaba más. Habré jugado en la plaza de juegos que tenía abajo, un poco de tobogán, un poco de hamaca y si, pasamanos también. A la tarde habré salido a trepar árboles para conseguir unos ricos nísperos, andar en bicicleta y volver a casa. Jugar al tutti frutti con mi familia y amigos.
El lunes 18 seguramente fue otra cosa. Ir a la escuela, hacer tarea y seguir jugando. Fue el martes 19 que la noticia llegó a mi casa. Estábamos con mi papa y mi mamá mirando Tiempo Nuevo (Neustadt) en el que invitaba a familiares de victimas de aquel atentado ocurrido en la sede de la AMIA la mañana anterior. Y fue ahí, mi papás las vio. Eran la mujer y las hijas de su amigo, de mi padrino, sentadas esperando noticias de Gabriel que había ido a hacer una changuita esa mañana a AMIA y no había aparecido después de ese estruendo a las 9.53 am.
No sé si tengo muchos recuerdos de las sensaciones que tuve en ese momento. Supongo que ver la angustia de mi viejo, el llanto desconsolado de mi madre. Si recuerdo que al otro año nosotros ya estábamos viviendo de nuevo en Buenos Aires, y volví ahí donde Gabriel se encargaba de armarnos las hamacas o una casita en el árbol para que juguemos por horas. Pero Gabriel ya no estaba, y no volvió a estar más. De Gabriel no se pudieron ni enterrar los recuerdos, no volvimos a saber de él nunca más. Se detuvo en ese instante la vida de él y se hizo un hueco irrecuperable en la vida de otros, nosotros los que nos quedamos con la sensación de que la justicia no va a existir nunca. Que el perdón existe, pero si nadie nos viene a pedir perdón, si nadie se hace cargo ¿a quien perdonar?
Siempre lo digo, al que no le arrancaron una vida de la forma que nos arrancaron a nosotros, los familiares y amigos de las victimas del atentado de la AMIA, los familiares y amigos de victimas de Cromañón y otras tantas tragedias que nos sacudieron en estos años, jamás van a sentir ese dolor. Y ojala que nunca la sientan, por que es un dolor vacío, por que es saber que ninguna Justicia sanara este dolor, por que es saber que nunca nos devolverán a nuestros muertos.
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viernes, 16 de julio de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
se alegra de nunca despedirlo
Creo que debería decir algo porque lo tuve atragantado todo el día, sin poder hablarlo con nadie, sin poder llorarlo con nadie y sin embargo no me salen palabras.
Sé que Él como nadie me amo, puedo asegurar que no voy a volver a amar a nadie como lo ame a él. Una vez mi psicologa de turno me dijo que yo empecé a estar con mujeres en el momento que entendí que no iba a poder estar con él toda la vida, que por eso buscaba una mujer a quien amar, para no quitarle el puesto de "el hombre de mi vida" a Zack. Claro que a mi me gustan las mujeres independientemente de él, pero si debo reconocer que desde que el murió, 2 años atrás, no pude (o quise) volver a querer a un hombre.
Lo extraño a horrores, pero lo llevo conmigo todo el tiempo...
miércoles, 6 de enero de 2010
He dicho
"No es la verdad expuesta la que nos hace vulnerables, sino los secretos..."
Eso pensé la primera vez que alguien dijo en el trabajo que yo era lesbiana. Fue la primera vez que tampoco me dolió ni me importo que lo dijeran. Pensé realmente que el día que yo lo tratará como algo tan normal y una cualidad más de mi, dejaría de ser chisme.
No sé si en algún momento podré definir cuándo empezaron a gustarme las mujeres. Recuerdo que la primera vez que me acusaron de lesbiana yo tendría 16 años, y me llegó a mi correo personal un email con el nombre de una amiga y el apellido de un amigo -claramente inventado- diciéndome que ya no mienta más, que reconozca que me gustaban las mujeres y que nadie más sería capaz de estar conmigo.
Hace 10 años atrás la homosexualidad no era algo tan común como en estos días, aunque yo estaba familiarizada con la situación por que mi tía es lesbiana desde que tengo uso de razón -aunque en mi familia nunca se hablará sobre esto.
Pasados años después, yo llorando por la partida de un gran amor -yo diría el hombre de mi vida- una de mis mejores amigas de entonces escupió "Yo no quiero ser tu novia". Un tanto aturdida por semejante acusación, creo que no supe qué contestarle más que "¿Y quién te dijo que yo quiero ser tu novia?". Lo que siguieron a ese día fueron un terrible aluvión de chismes que finalmente llegaron a mis oídos. Chismes tales como que todo el mundo ya lo sabía, que habían hablado con mis padres sobre mi (hasta ese entonces) supuesta homosexualidad, que mis amigos eran los encargados de desparramar dichos chismes y sobre todo llanto, mucho llanto. Me costó mucho tiempo recuperarme de eso, de la traición. Me aleje de todo eso que había construido, me alejé de mi y construí un nuevo mundo. Sinceramente, uds. (si hay un uds.) se preguntaran si perdoné a esos amigos. Lo cierto es que nadie me pidió perdón y yo decidí perdonarlos igual. Enfrentar a los que realmente sentí que me herían y del resto mejor ni hablar.
Fue así como años después, cuando ya tenía mis 21 años una niña me confesó que le gustaban las mujeres, y yo me opuse a sus gustos. No por discriminarla, sino por que sin comerla ni beberla, sabía de lo mucho que te podían lastimar las palabras de aquellos que no entendieran; hasta que me dí cuenta que oponiéndome, no hacía más que lo mismo que aquello de lo que quería protegerla. Fue así como empecé de a poco a conocer una relación entre mujeres, sin contar la de mi tía, y ahí se desató un mundo de confusiones para mí...
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